El pañuelo de la princesa

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El pañuelo de la princesa

El pañuelo de la princesa

Cuenta la leyenda que, en tiempos de los visigodos, accedió al trono Amalarico en el año 522.  Éste para asegurarse la supremacía en la Península Ibérica se casó en el 526 con Clotilde, hija del rey franco de origen burgundio.

Sabemos que mientras Clotilde era cristiana, su esposo era arriano (el arrianismo era una herejía que desarrolló Arrio en la cual consideraba que la naturaleza de Jesús era humana y no divina).


Amalarico estableció su corte en Sevilla donde vivió con Clotilde.

Ésta estaba sola, aislada de sus familiares, en una corte extranjera y hostil a sus creencias.

Un día, Clotilde se enteró que unos caballero visigodos iban a visitar la corte de los francos. Se dirigió a ellos y en presencia del rey les encargó que pidieran a su madre un pañuelo de cierto tejido que en Sevilla no podía encontrar.  Ésta, con naturalidad Clotilde abrió un cofrecillo del cual sacó un pañuelo para que su madre se los enviara de idéntica calidad.

Cuando la reina Clotilde recibió el pañuelo, supo enseguida que su hija quería comunicarse con ella. Descosiendo un dobladillo encontró la mancha de sangre que su hija había dejado.

La reina convocó enseguida a sus hijos y los francos entraron en la península, liberando a Clotilde, que regresó a su Francia natal.

Según nos cuenta San Isidoro en “la Historia de los Godos” y así también hace referencia Johannes Mariana en “Historia general de España ilustrada escrita en tablas”. Se sabe que Amalarico puso su “silla en Sevilla”  y a partir de aquí los obispos de la ciudad tomaron mayor importancia, siendo tal relevancia, que competían con los primados.

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