LA PLAZA DE TORO

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LA PLAZA DE TORO

 Uno de los lugares más visitados durante el mes de abril en Sevilla es la Plaza de Toros.

Ubicada en el Paseo Colón, es propiedad de La Real Maestranza de Caballería.  El edificio se construyó sobre el monte del Baratillo, una elevación cercana al Guadalquivir. Se trata del coso taurino más antiguo de España.

La construcción actual data de 1749, momento que se sustituye la plaza rectangular ubicada en ese mismo lugar por la circular que vemos hoy en día. Hay que destacar que la forma de la arena no es circular, como sucede habitualmente en este tipo de recintos, sino en forma de óvalo irregular.

En un principio casi no había construcciones a su alrededor hasta que a principios del siglo XIX comienzan a levantarse edificios, destacando la casa de la Real Maestranza, realizada por Aníbal González y unida a la Plaza mediante una galería superior.

El aspecto exterior de la plaza es de una arquitectura tardo-barroca, apuntando ya hacia el clasicismo. La portada principal está delimitada por dos torreones  y su cuerpo inferior es de piedra vista. Los accesos a los palcos se realizan por entradas más pequeñas adinteladas, mientras que el resto de la construcción está revestido y encalado.

 

LA REAL MAESTRANZA DE CABALLERÍA

La Real Maestranza de Caballería es la propietaria de la plaza. Se trata de una corporación nobiliaria compuesta por setenta caballeros pertenecientes a antiguas familias nobles.

Su fundación se produce en 1248, tras la conquista de la ciudad por Fernando III. Los caballeros que le ayudaron en la toma de Sevilla constituyeron una Cofradía Caballeresca con la finalidad de la instrucción en las armas y prácticas ecuestres. Esta hermandad estaba bajo la advocación de San Hermenegildo.

Con el reinado de Carlos II, se funda el Real Cuerpo de Maestranza de Caballería de Sevilla para adiestrar a la nobleza en el manejo del caballo. Posteriormente en el siglo XVIII Felipe II le otorga el tratamiento de “Real” para agradecer el apoyo prestado en la guerra de Sucesión. Finalmente, con Fernando VII la jefatura de la Real Maestranza pasa al rey, siendo así hasta nuestros días.

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