EL ARENAL, UN BARRIO CON HISTORIA

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EL ARENAL, UN BARRIO CON HISTORIA

 

El barrio del Arenal está situado en el oeste de la ciudad y nació con la invasión de los vikingos en el siglo IX. Éstos llegaron a Sevilla en el año 844 y la saquearon. Los musulmanes de época Abderramán II decidieron que había que amurallar la ciudad para evitar nuevas invasiones. De esta manera quedó una franja de tierra junto al río donde irá creciendo con el tiempo un nuevo mundo dispar y marinero.

En el siglo XIII se levantaron en este lugar la Torre del Oro y la Torre de la Plata. Esto se hizo para evitar posibles invasiones desde el Guadalquivir. Tras la reconquista de Sevilla por Fernando III el Santo, se creó en esta zona, la principal actividad de la futura Sevilla: la construcción de barcos y el tráfico de mercancías. Su hijo Alfonso X el Sabio levantó en este lugar las Atarazanas.

 

Sevilla, Puerto de Indias

 Tras el descubrimiento de América Sevilla se le concedió el monopolio del comercio americano. De esta manera, al Arenal fueron a parar los galeotes, pícaros y buscavidas. El Arenal pasó a ser con el tiempo una zona relevante en la ciudad de Sevilla. Por aquí pasaban todas las novedades traídas de América y de aquí partirán el gran número de personas que construyeron el Nuevo Mundo.

En ese lugar se encontraba la Mancebía más famosa de la ciudad, el Compás de la Laguna. También se ubicaba aquí “el Monte del Malbaratillo”, una gran montaña de basuras arrojadas por los vecinos desde tiempos remotos. Miguel de Cervantes, en su novela «Rinconete y Cortadillo», relata que estos dos pícaros nada más llegar a Sevilla vendieron en este lugar unas prendas robadas, por las que obtuvieron 20 reales.

En el siglo XVIII, ya en tiempos de Carlos III, se construirá sobre las antiguas Atarazanas la Maestranza de Artillería, así como la nueva Casa de la Moneda. Con el paso del tiempo el puerto de Sevilla fue perdiendo importancia. En el siglo XIX desapareció la muralla y se urbanizó el Paseo Colón gracias a Pastor y Landero.

BIBLIOGRAFÍA

IMÁGENES


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El pañuelo de la princesa

El pañuelo de la princesa

Cuenta la leyenda que, en tiempos de los visigodos, accedió al trono Amalarico en el año 522.  Éste para asegurarse la supremacía en la Península Ibérica se casó en el 526 con Clotilde, hija del rey franco de origen burgundio.

Sabemos que mientras Clotilde era cristiana, su esposo era arriano (el arrianismo era una herejía que desarrolló Arrio en la cual consideraba que la naturaleza de Jesús era humana y no divina).


Amalarico estableció su corte en Sevilla donde vivió con Clotilde.

Ésta estaba sola, aislada de sus familiares, en una corte extranjera y hostil a sus creencias.

Un día, Clotilde se enteró que unos caballero visigodos iban a visitar la corte de los francos. Se dirigió a ellos y en presencia del rey les encargó que pidieran a su madre un pañuelo de cierto tejido que en Sevilla no podía encontrar.  Ésta, con naturalidad Clotilde abrió un cofrecillo del cual sacó un pañuelo para que su madre se los enviara de idéntica calidad.

Cuando la reina Clotilde recibió el pañuelo, supo enseguida que su hija quería comunicarse con ella. Descosiendo un dobladillo encontró la mancha de sangre que su hija había dejado.

La reina convocó enseguida a sus hijos y los francos entraron en la península, liberando a Clotilde, que regresó a su Francia natal.

Según nos cuenta San Isidoro en “la Historia de los Godos” y así también hace referencia Johannes Mariana en “Historia general de España ilustrada escrita en tablas”. Se sabe que Amalarico puso su “silla en Sevilla”  y a partir de aquí los obispos de la ciudad tomaron mayor importancia, siendo tal relevancia, que competían con los primados.

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