LA VENTA DE LOS GATOS

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LA VENTA DE LOS GATOS

Category : sevilla

Continuamos con nuestro homenaje a Bécquer y en esta ocasión lo hacemos con una de sus leyendas, La Venta de los Gatos.

Se trata de un hermoso relato con numerosos elementos costumbristas. Bécquer nos cuenta su visita a una pintoresca y concurrida venta que le resultó fascinante. Estaba ubicada en las afueras de Sevilla, en una alegre campiña poblada de huertas. Permaneció en el lugar durante una tarde soleada, disfrutando de la alegría de los grupos bulliciosos que solían frecuentar el ventorrillo. Situado en un discreto lugar para poder observar el cuadro que se ofrecía a sus ojos, llamó su atención la presencia de una joven que cantaba, Amparo, que parecía ser la hija del ventero, y que destacaba entre las demás. Durante el resto de la tarde, se afanó en dibujar su retrato para llevar consigo un recuerdo de la jornada.

Cuando al atardecer decidió regresar a la ciudad, un muchacho, que había acompañado a la guitarra a la joven, le rogó que le mostrara lo que había estado dibujando, y al ver que se trataba de la muchacha en cuestión, se obstinó en que le entregara el dibujo. El joven le contó emocionado que él era el hijo del ventero y que la mujer que había retratado vivía con él y su familia desde muy niña, pues la habían adoptado, y la consideraban como su propia hija. Entre ambos, no obstante, y con el permanente roce, se había desarrollado un afecto que superaba el fraternal, de tal modo que pensaban contraer matrimonio en fecha próxima. Ante las súplicas, finalmente accedió a su petición del joven y le entregó su trabajo.

Transcurrieron varios años, y el viajero volvió a su tierra. No había olvidado el episodio, y decidió visitar nuevamente la Venta de los Gatos. Le avisaron de que la zona se había transformado profundamente pues habían construido justo frente a la venta el actual cementerio de San Fernando, y era tanta la influencia de la cercanía del camposanto, que  todo lo que antes tenía el paraje de agradable y risueño se había convertido en lobreguez y pesadumbre. En efecto, la venta, en contraste con la visita anterior, estaba solitaria. Reconoció al envejecido ventero, que le manifestó que con la proximidad del cementerio, ya nadie acudía al lugar, y que tan solo los cortejos fúnebres pasaban por la puerta.

Respecto a su hijo y a la joven Amparo, el ventero le contó que un día aparecieron unos señores que reconocieron a la muchacha mediante unas prendas que ésta llevaba el día en que la encontraron abandonada y que el hombre aún conservaba. En contra de su voluntad, la obligaron a marcharse con ellos, tal como dictaminó la justicia, para vivir en la lujosa casa de un señor muy rico que la reclamaba como hija y de la que la muchacha se negó a salir en adelante. Allí vivió encerrada, secándose “como se secan las flores arrancadas de un huerto para llevarlas a un estrado”, languideciendo hasta que murió. El joven reconoció el cadáver de su amada Amparo a las puertas del cementerio y perdió el juicio, encerrándose en una de las habitaciones de la venta frente al retrato de su amada, que un día le regalara el viajero.

Imágenes:


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