EL FLAMENCO Y SU ORIGEN

 

El flamenco está muy arraigado en Andalucía. Sin embargo no están claros sus orígenes. Algunos historiadores apuntan a los árabes, otros a los sefarditas y otros dicen que la palabra flamenco se empezó a usar como sinónimo de gitano andaluz a partir del siglo XVIII.

Dejando a un lado las diferentes interpretaciones que se han hecho sobre sus orígenes, son muchos los que opinan que este arte tal y como hoy lo conocemos tiene dos siglos de historia y está vinculado a los gitanos.

Según consta en una “célula de paso” del 12 de Enero de 1425, los primeros gitanos que llegaron a España lo hicieron  por Zaragoza. Se sabe que al principio fueron bien recibidos, ya que seguramente el carácter misterioso de sus orígenes había dejado una impresión profunda en la sociedad medieval. Recientes estudios determinan que el origen de los gitanos era de la India.

 

LOS PRIMEROS GITANOS

Todo empezó hace más de mil años, probablemente en la zona del Punjab, en el norte de la India y el Pakistán actual. La casta de los músicos era la última casta clasificada en un sistema social que aún hoy no permite a los de un estrato subir al siguiente escalafón. Los dom, que así se llamaba la casta de los músicos, no sufrían una marginación, pero sí tenían que aceptar su nivel social y no aspirar a mejorar.

En un momento determinado los dom decidieron emigrar hacia el oeste y poco a poco se fueron dispersando por Europa, escapando de la esclavitud. Los primeros que llegan a la Península Ibérica según los documentos encontrados lo hacen en calidad de peregrinos para ir a Santiago de Compostela, obteniendo un pasaporte del Rey Alfonso el Magnánimo de Aragón en 1425.

El siglo XV es muy especial para España por la unión de Castilla y Aragón, además de la conquista de Granada. Se descubre América y eso conlleva posibilidades de trabajo.

Esto, unido al clima cómodo para una vida ambulante, especialmente en el sur, favorecerá el establecimiento de los gitanos llegados a España. Además, los Reyes Católicos pidieron expresamente que fueran bien recibidos allá donde fueran. Eso sí, con dos condiciones: deberían “renunciar al viaje” y tener un “trabajo conocido”, de lo contrario serían expulsados.

La vida en España tampoco resultó fácil a los gitanos, ya que sufrieron persecuciones y órdenes reales restringiendo sus derechos y libertades (obligados a trabajar el campo, por ejemplo) hasta que Carlos III dio el primer paso hacia su integración admitiendo en 1783 la libertad de oficios y de domicilio de los gitanos.

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